SACO 4 ANTOFAGASTA O LA URGENCIA DE EXPANDIR EL CAMPO DE LA EDUCACIÓN (ARTÍSTICA)

Organizada anualmente por el Colectivo SE VENDE, Plataforma Móvil de Arte Contemporáneo, la Semana de Arte Contemporáneo de Antofagasta, SACO, en Chile, ha abordado cada vez temas que buscan dinamizar situaciones locales. Marco ineludible ha sido la particularidad del contexto territorial, marcado por el centralismo y por condiciones geopolíticas extremas: a más de mil kilómetros al norte de Santiago, la capital del país, entre el Océano Pacífico y el desierto de Atacama, Antofagasta es epicentro de la minería en Chile, encabezando la región con mayor ingreso per cápita a nivel nacional. Sin embargo, en la zona, no existen espacios que permitan divulgar el arte contemporáneo. Es más: en todo el norte chileno no hay museos de arte contemporáneo ni escuelas de arte universitarias, en una extensión que suma unos dos mil kilómetros de largo, desde la región de Arica y Parinacota –en el límite con Perú– hasta Valparaíso, ya en el centro del territorio nacional. Se trata entonces de una aridez o un vacío donde el paisaje es todo un símbolo.

En sus versiones anteriores, SACO fue, respectivamente: una exposición con artistas internacionales que abordó el cruce entre arte, política y medio ambiente (2012); un encuentro de proyectos de gestión autónoma de ciudades de Chile y Argentina (2013); y una serie de intervenciones en el paisaje, que incluyó a curadores, artistas e investigadores de Chile, Perú y Bolivia, reflexionando sobre los límites y la problemática relación entre los tres países colindantes (2014). Vital ha sido siempre el acercamiento de obras y prácticas actuales al público local; impulsar talleres y actividades de mediación para niños y jóvenes; así como el contacto entre los invitados, que siempre forman un grupo que comparte actividades dentro y fuera de marco, confrontándose y relacionándose experiencias, saberes y opiniones que han expandido nexos más allá de los límites del evento.

La cuarta versión de SACO, realizada entre el 23 y el 28 de agosto de 2015 en el Parque Cultural Huanchaca, apuntó a una situación que probablemente esté en la raíz de las carencias culturales que vive esta zona (y el resto del país): la falta de educación artística.

Bajo el imperio del libre mercado, la educación en Chile se ha convertido en un espacio restrictivo, alienante y anacrónico, muy lejos del espíritu creativo, crítico e inquieto de las nuevas generaciones. Exacerba el panorama la drástica disminución de las horas de enseñanza artística y una suerte de analfabetismo que se vive en arte contemporáneo, donde el propio sistema del arte chileno ayuda bastante: la escena aquí se caracteriza por obras altamente reflexivas e incisivas respecto a la realidad, que –no obstante– carecen de rendimiento crítico encerradas en sus ascéticos espacios.

Dagmara Wyskiel es fundadora del colectivo SE VENDE junto al productor cultural Christian Núñez. Directora de SACO, la artista polaca llegó a vivir en la ciudad justamente ante la promesa de trabajo en lo que sería una nueva escuela de arte. Han pasado 14 años desde entonces. Pero, más que esperar de brazos cruzados, con SE VENDE emprendió una labor al respecto. La escuela anterior, perteneciente a la ex Universidad Técnica del Estado, actual Universidad de Antofagasta, fue cerrada tras el Golpe de Estado de 1973. En 2011, el colectivo generó el programa Cápsulas de Formación, donde participaron jóvenes que provenían de carreras como periodismo, diseño y arquitectura, y que estaban dando el salto hacia un trabajo artístico, con inquietudes en fotografía, performance, video y gráfica, entre otros medios. Fueron intensas sesiones de revisión de obras, de creación y reflexión conjunta, de diálogo constante, donde cada uno culminó con una producción que fue expuesta en la Sala Multiuso de Biblioteca Viva Antofagasta. De este proceso, surgió un grupo que el colectivo ha seguido apoyando: algunos han participado como colaboradores de artistas nacionales e internacionales que han llegado a la zona; han expuesto en instancias como SACO o en la Feria Ch.ACO, de Santiago, en 2013, donde SE VENDE integró la sección Pop Up-Spaces. Pamela Canales, Francisco Vergara, Camila Díaz y Jorge Guerrero están entre ellos.

 

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Taller Foto: Sebastian Rojas Rojo

UN CAMPAMENTO DE CREACIÓN

En SACO4, el gesto ha sido certero: incluyó a más de 80 estudiantes de tercero y cuarto año de Enseñanza Media de liceos municipalizados del Norte Grande, para  participar en workshops intensivos guiados por artistas relevantes en la escena latinoamericana, representantes –a la vez– de espacios o instituciones que en sus países proponen proyectos de formación alternativos a los sistemas oficiales o predominantes: Roberto Huarcaya del Centro de la Imagen de Lima, Perú; Alejandro Turell de la Tecnicatura en Artes – Artes Plásticas y Visuales del Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes, Universidad de la República, Rocha, Uruguay; Saidel Brito del ITAE, Instituto Superior Tecnológico de Artes de Ecuador, Guayaquil; Fernanda Mejía del Taller Multinacional de Ciudad de México; Marcos Benítez del Museo del Barro, Asunción, Paraguay; Luis Gómez del ISA, Universidad de Las Artes, La Habana, Cuba; y Tomás Rivas del Taller Bloc, Santiago, Chile.

Los estudiantes fueron seleccionados a través de toda la región de Antofagasta, incluyendo invitaciones a alumnos de las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá y Atacama. Eran jóvenes de entre 16 y 17 años de edad, aproximadamente, provenientes del eslabón más desplazado dentro de la educación chilena, un sistema manejado por el libre mercado, marcado por el lucro y grandes desigualdades. Ellos tuvieron la oportunidad de crear y aprender junto a artistas-docentes que abordaron –con metodologías experimentales– áreas como video arte, fotografía, escultura,  dibujo, intervenciones y trabajos con el lugar, entre otros temas y técnicas. Durante cinco días, los talleres fueron instancias de creación, de trabajo colectivo y también de reflexión sobre nuevos modos de asumir el arte en el territorio o en el contexto social.

Un marco imponente y cargado de sentidos fue el Parque Cultural Huanchaca. Se trata de las ruinas de una ex refinería de plata que funcionó a fines del siglo XIX y comienzos del XX, en manos bolivianas, chilenas e inglesas, y que hoy es Monumento Histórico Nacional. Funcionan allí un museo y auditorio, y todo un recorrido patrimonial a través de una explanada y de los restos de las antiguas construcciones que lucen como si fueran ruinas incaicas.

En este lugar, se instalaron siete domos para que en cada uno funcionara un taller. El paisaje era cósmico, poético. Durante los cinco días de actividades, los jóvenes entraban y salían, recorrían el sitio y dentro, de pronto, se concentraban por horas. Pero el encuentro entre los estudiantes y los artistas internacionales fue más allá del ámbito de creación, según nos contaba Dagmara Wyskiel: “En la austera y árida explanada de las Ruinas de Huanchaca brotaron siete domos, dentro de cuales se percibió un proceso de transformación significativa, no solamente en lo artístico, sino ante todo en lo humano. Una experiencia que marcó un antes y un después en las vidas de estos jóvenes, y que a la vez fue lúdica, intensa y compartida con nuevos amigos, con quienes los lazos se armaron a través del arte. Un campamento de creación, donde los ojos se abrieron a cosas cuya existencia probablemente ni siquiera sospechaban”.

El encuentro marcó, sin duda, también a los artistas-docentes. Varios de ellos no habían realizado jamás clases a adolescentes, enfrentándose a grupos de gran diversidad, donde se incluían inmigrantes y jóvenes con capacidades especiales. Los invitados lograron expandir los objetivos buscados, ejercitando experimentaciones formales y cuestionamientos in situ, donde los estudiantes respondían con obras y comentarios muchas veces inusitados, muy lúcidos frente a las problemáticas o ejercicios que se planteaban.

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Exposición. Foto: Sebastian Rojas Rojo

ENTRE LA FORMA Y EL MOLDE

En paralelo, SACO4 fue un encuentro entre los centros de enseñanza representados. Está, entre los organizadores, el sueño de formar a futuro una instancia que permita sistematizar la formación en artes visuales en el norte de Chile. En el foro, realizado el 25 de agosto en el auditorio del Parque Cultural, cada artista dio a conocer su respectivo proyecto, reconociéndose un trabajo desde un contexto común de precariedad, de urgencias sociales y culturales, y de resistencia frente a los influjos globalizadores.

Todos los espacios convocados son centros de enseñanza, creación, reflexión e investigación impulsados por artistas, o bien instituciones que generan enseñanza artística con modelos propios y fuera de los epicentros. “Son iniciativas que diversifican y democratizan el acceso al aprendizaje en el área visual a lo largo del continente. Surgen tanto en las grandes urbes como en zonas lejanas de los centros universitarios, ofreciendo un camino más flexible y autónomo, y haciendo posible la emergencia de nuevos artistas y gran capacidad creativa en territorios geográficos y sociales donde antes había un gran vacío”, planteaba la directora de SACO4.

El ISA o Instituto Superior de Arte de la Universidad de las Artes de La Habana, por ejemplo, con educación gratuita y “fuera de copias o modelos colonizadores”, ha formado desde 1976 a generaciones de artistas en Cuba; el Centro de la Imagen de Lima, Perú: hace 22 años instruye fotógrafos con nivel académico, sumando dos galerías, un programa de residencia y la organización de la Bienal de Fotografía de Lima y la Feria Limaphoto en un contexto donde, antes de su creación, prácticamente no había apoyos para el desarrollo de la disciplina; y el ITAE o Instituto Superior Tecnológico de Artes de Ecuador, en Guayaquil, es un espacio formativo, centro de reflexión, producción e investigación artística con sentido local, creado en 2003 por un grupo de artistas que ha impulsado al mismo tiempo una escena paralela a Quito, la capital nacional.

La idea de impulsar un desarrollo artístico regional, ha estado también en la Tecnicatura en Artes – Artes Plásticas y Visuales, del Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes de Universidad de la República, carrera que se imparte en Rocha, con un énfasis en la relación de los estudiantes con un contexto particular, en el extremo sureste de Uruguay. Mientras que el Centro de Artes Visuales Museo del Barro, de Asunción, Paraguay, ha levantado una instancia de formación que tiene como marco importantes colecciones de arte popular, indígena y contemporáneo, con énfasis también en la teoría. Carlos Colombino y Ticio Escobar han sido personajes relevantes allí.

Estuvieron presentes también dos instancias impulsadas por artistas y que resultan ejemplificadoras –además– como esfuerzos de autogestión: el Taller Multinacional, con sede en México D.F., y Taller Bloc de Santiago. Tanto como la formación de artistas, se desarrollan en estos lugares la producción de obra, la exhibición, el diálogo, la reflexión y oportunidades de intercambio a través de residencias de artistas. El Taller Multinacional imparte además cursos on line de arte y teoría, expandiendo su quehacer más allá del espacio físico, hacia otras latitudes. Mientras que Bloc se ha trasformado en Chile en un referente mucho más dinámico y dialogante que cualquier escuela de arte universitaria.

El viernes 28 de agosto en la noche se inauguró bajo las ruinas de Huanchaca la exposición “Entre la forma y el molde”, toda una metáfora sobre la relación que se arma entre maestro y alumno, abriéndose los domos con los resultados de estos procesos. En 17 días, unas dos mil 500 personas recorrieron las instalaciones, donde cada estación era un espacio que daba cuenta de la intensidad vivida.

“La Carpa Mágica”, dirigida por Roberto Huarcaya, incluyó fotos e imágenes que resultaron de experimentaciones con cajas estenopeicas y una gran cámara oscura que el profesor construyó para que los jóvenes vivieran desde dentro el proceso básico de la fotografía. En “Nuestra Identidad Dinámica”, propuesta de Alejandro Turell, figuraba una serie de finas cabezas en greda, autorretratos que comenzaron los jóvenes jugando a esculpir a ciegas, una suerte de “selfies” en barro que les implicó repensarse a sí mismos.

“Dibujo, Espacio Social y Campo Expandido”, de Saidel Brito, incluyó procesos creativos a partir del dibujo y propuestas expansivas que posibilitaron comprender desde otros materiales y lugares el trabajo con la gráfica. “Derivas, Mapas y Recorridos, de Fernanda Mejía, fue un proceso de creación que partió con un recorrido por todo el sector urbano donde se sitúan las Ruinas de Huanchaca, para experimentar con mapas, documentación de recorridos y señaléticas donde los jóvenes reflexionaron sobre la ciudad que ven y sobre la que imaginan para vivir.

“Yvy: Taller Experimental de Técnica Adhesiva”, de Marcos Benítez, partió del vocablo guaraní, que se refiere a suelo, para relacionar a los estudiantes con el lugar, recolectando distintos tipos de tierra, que sirvieron para generar matrices y grabados. Por su parte, “Breve Introducción al Video en el Arte”, de Luis Gómez, invitó a explorar las potencialidades creativas de la tecnología desde la perspectiva de reciclaje, impulsando al mismo tiempo a los alumnos a documentar lo que vivían en SACO.

Finalmente, “¿Tiene la humanidad una posibilidad de sobrevivir final y exitosamente en el planeta tierra y, sí es así, cómo?”, de Tomás Rivas, se basó en la obra y pensamiento del arquitecto estadounidense Richard Buckminster Fuller, creador del domo geodésico, para que los jóvenes armaran una instalación desde conceptos como sustentabilidad, ecosistemas y cooperación.

Cabe recordar la reacción de varios jóvenes, al momento de despedirse, cuando culminaban los montajes, horas antes de la inauguración de la exposición, sintiendo una rara mezcla de alegría por lo vivido pero de cierta angustia por volver el lunes a las clases en el liceo. Valoraban la experiencia SACO como un muy intenso y emocionante paréntesis que –si dio impulso o no a nuevos artistas– claramente los liberó y transmutó como personas. Cinco días pudieron más, tal vez, que años de estudio en el aula.

SACO4 fue posible gracias a una alianza con la empresa privada. A través de la Ley de Donaciones Culturales, el evento fue presentado por Minera Escondida, operada por BHP Billiton. Con un compromiso que se expresa mucho más desde lo privado que desde lo estatal, un colectivo de provincia chilena tiene la posibilidad de generar un proyecto a gran escala, buscando en conjunto revertir el árido panorama del arte contemporáneo a nivel local. SACO ha asegurado así –además– su versión 2016, que tendrá como foco los desplazamientos migratorios, vistos desde la experiencia personal del artista.

Fotografía: Sebastián Rojas Rojo

Para leer más sobre SACO4: http://proyectosaco.cl/

Carola Carolina Lara B. (1971) es Periodista, Licenciada en Estética y Magíster en Teoría e Historia del Arte. Desde mediados de los años 90, escribe en publicaciones de arte chileno, y en medios nacionales e internacionales. Vive en Tomé, desde donde se dedica al periodismo cultural, la crítica de arte, la gestión, la investigación y la curatoría. Coautora del libro “Chile Arte Extremo” (2009), crítica de arte del diario La Tercera y corresponsal de revista ArtNexus (Colombia), es encargada de la Sala Federico Ramírez de la Municipalidad de Concepción, ciudad donde integra Mesa8, agrupación que relaciona arte contemporáneo y comunidad. Colabora además con el Colectivo SE VENDE de Antofagasta y el Consejo Comunal para el Patrimonio – Tomé.

Para leer más textos escritos por ella: http://voces.latercera.com/autor/carolina-lara/