No lo viví, me lo contaron. Parecía una historia de terror, de esas que suelen contarse en noches de fogata. Estaba oscuro y una voz narraba los hechos, una luz intermitente dejaba ver imágenes que ilustraban la historia.

No sé si me quedé congelado o la imagen se detuvo o se hizo más lenta, o los gritos y gemidos del niño hicieron que le prestara realmente atención a lo que estaba(n) pasando. Lo primero que vi, cuando los sollozos llamaron mi atención, fue la imagen de un niño sentado en un andén. Lloraba y miraba hacia el horizonte de lo que parecía una calle de un pueblo fantasma. Su mirada caía nuevamente mojando los pequeños zapatos de tela que parecían recién estrenados. Estaba bien vestido, como si de una ocasión especial se tratara. El círculo que describía la mirada entre el horizonte y los zapatos parecía interminable.

El ruido del motor de un pequeño camión acompañado de un tumulto de personas que se aglomeraban a su alrededor semejando un enjambre de abejas, hizo saltar al niño, como si un resorte lo hubiera lanzado por el aire.

Cuando el camión se detuvo, el niño se abrió paso entre la gente, se detuvo frente a las estacas del camión y reconoció a su padre entre otras personas que yacían en el piso del camión. “Papito porque estas durmiendo allí” le decía mientras se aferraba a los barrotes de madera. “Papito despiértese” le decía en tono suave. “por qué no te despiertas papito, yo quiero que me hables” imploraba la voz entrecortada del niño. “Papito por favor dime algo” insistía la voz que se hacía más fuerte. “Levántate y vámonos a casa”, ahora la voz del niño parecía dar órdenes entre sollozo y sollozo. De repente un descubrimiento hizo que el niño se enfureciera aún más, ahora no contra su padre, sino contra el vacio, contra el silencio. Quien te quito la piernita gritaba el niño y después en tono tranquilizador le decía a su padre: “despiértate que yo te ayudaré a caminar.”

Un movimiento brusco de la cámara que la sacó de la escena me hizo comprender que no era yo el único que se había quedado congelado con el acontecimiento. Las imágenes se esfumaron al igual que el niño y la voz que trataba de ilustrar en forma mecánica lo que las imágenes mostraban cambió de tono mientras decía, quizá irónicamente, “no se queden dormidos volvemos después de comerciales”.

Carlos Piedrahita


“Proyecto apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes”