IDENTIDAD Y DISEÑO DE PRODUCTOS EN VENEZUELA. Primera parte, Elina Pérez Urbaneja.

Preliminares de una Historia

La tónica de la investigación de los aspectos históricos del diseño industrial en Venezuela ha sido la fragmentación. El diseño gráfico sobresale y minimiza a su primo hermano industrial, en un país cuya principal actividad económica ha sido predominantemente extractiva. El contexto venezolano ha sido determinado por “un” producto dominante en determinados períodos: el cacao durante el siglo XVIII, el reinado del café en el XIX y la explotación petrolera que ha signado el siglo XX.

Por lo tanto no es descabellado estudiar el rezago del diseño industrial tomando en cuenta el contexto general de un país que en vez de considerarse monoproductor, debería concebirse como “monoexplotador” de un recurso natural no renovable que fortuitamente enriquece el subsuelo… Qué haríamos, sin el “jugo de la tierra” [1]. Otros rasgos determinantes son la poca capacidad para desarrollar tecnologías propias, lo cual ha favorecido la importación de las mismas y la actitud de un empresariado privado quizás miope, temeroso, o de repente ignorante de la existencia de un recurso humano formado en el país que pudiera insertarse en su proceso productivo.

La pesquisa de diseñadores industriales y de los artefactos producidos en nuestro país se convierte en un asunto fangoso, tomando en cuenta la dispersión de los egresados de los institutos que cursaron esta carrera, el hermetismo del empresario, el casi inexistente registro documental y la ironía: ¿para qué buscar diseño industrial en un país sin industria fabril?

Planteadas dichas condiciones, es posible decir que la tarea ha sido fragmentaria, encontrando piezas desperdigadas por aquí y por allá para armar una historia que se ha convertido en un auténtico rompecabezas.

Cuestión de Identidad

La mecedora de Klaus Müller, fabricada artesanalmente en Paria, une maderas venezolanas y tejidos hechos por manos indígenas. Foto: Dany Manzanares
La mecedora de Klaus Müller, fabricada artesanalmente
en Paria, une maderas venezolanas y tejidos hechos
por manos indígenas. Foto: Dany Manzanares
La palabra identidad deriva del latín idem, que significa “lo mismo”, y de esta manera alude oposicionalmente a “lo diferente” o “lo otro” [2]. La identidad es un tema abordado por antropólogos, sociólogos y estudiosos de los fenómenos culturales en general, y usualmente es reducido en Latinoamérica a lo étnico y a las tradiciones populares.

Según Daniel Mato, las identidades son “producto de procesos sociales de construcción simbólica (…) son producto de acciones sociales y no de fenómenos naturales, ni tampoco reflejo de las condiciones materiales (…) y se construyen a partir de la lucha entre distintos actores por promover sus representaciones” [3].

“El trabajo de crear una cultura es una actividad permanente y relativamente inconsciente de toda sociedad, la cual resulta conflictiva debido a que diversos actores sociales compiten por imponer sus propias representaciones simbólicas. Dichos estudios permiten señalar que los actores más relevantes son: gobierno, medios de difusión masiva, movimientos políticos y sociales de diverso tipo y escala, líderes sociales, intelectuales, artistas y académicos, y que las maneras más prominentes en las cuales estos actores permiten su representaciones son: políticas, programas de educación y cultura, símbolos, ceremonias y discursos, presentaciones, exposiciones y festivales, promoción de ‘patrimonios culturales’, investigación y publicaciones en las historias y ciencias sociales, ‘literatura’ y otras publicaciones” [4].

Si tomamos en cuenta al diseño industrial desde la perspectiva cultural, en cuanto a disciplina proyectual para la producción de objetos (cultura material), podemos apreciarlo desde el punto de vista de la identidad, pescando los rasgos propios de la venezolanidad.

En el siglo XIX se produjo un proceso de conformación de la identidad venezolana, entendida como “caraqueñidad”, difundida como ideología oficial del Estado. En la siguiente centuria se produce el rechazo a la regionalidad o “provincianismo”, como rémora que impedía salto al progreso [5]. Después de la muerte del presidente Juan Vicente Gómez en el año 1936, los mandatarios que lo sucedieron, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, colocaron las bases de la democracia nacional sobre los hombros del discurso modernizador y centralizado en Caracas.

Butaca «Pampatar», diseñada por Miguel Arroyo en 1953.
Foto tomada de catálogo de Sala TAC
Estas ideas dieron pie a la bárbara transformación urbanística acometida en Caracas desde la década del cuarenta, pero que tuvo su apogeo durante los años cincuenta y sesenta. La capital se modernizó y creció, convirtiéndose en un imán que atrajo hacia sí un cúmulo poblacional que abandonó el campo para buscar trabajo y asentarse en “la ciudad”.

La década de los cincuenta fue momento de bonanza petrolera heredada del gobierno democrático del presidente Rómulo Gallegos, quien apenas doce días antes de su derrocamiento en 1948, firmó el ejecútese dela Ley de Impuesto sobre la Renta que consagraba el principio de repartición 50-50 de las ganancias petroleras, entre las transnacionales y el Estado. Esto significó para Venezuela por primera vez hasta ese entonces, la obtención de cuantiosos ingresos por la explotación de su subsuelo. Estas ganancias se evidenciaron en las realizaciones materiales del gobierno dictatorial que tuvo lugar entre 1948 y 1958, el cual se asentó en el llamado Nuevo Ideal Nacional (NIN), donde se le imprimió importancia a la modernización positivista del país, en donde la cultura y la ciencia fueron particularmente valorizadas.

La cultura era entendida “como la amplia formación intelectual de conocimientos adquiridos y procesados en los diversos campos del saber, la cual debía corresponderse con un alto nivel de instrucción formal. Posee una visión eurocéntrica, de acuerdo a la cual los países latinoamericanos deben verse en el de la ‘Cultura Europea’ y extraer de él nociones para su propio proceso” [6].

Esta admiración por Europa, como pueblo que logró levantar bases para el progreso, fundamentó en parte un proceso de inmigración selectiva, donde se privilegió la entrada de españoles, portugueses e italianos, principalmente.

El 23 de enero de 1958 se quebrantó la dictadura y se iniciaron los tiempos democráticos. En Venezuela se había iniciado la modernización del entorno físico, arrasando cerros y construyendo edificios, autopistas, distribuidores viales, puentes, hospitales, escuelas, aeropuertos, etc.. La búsqueda del “progreso” ha quedado inscrita en el inconsciente colectivo nacional, al igual como la admiración por pueblos considerados ejemplos de desarrollo, como Estados Unidos, al cual nos ha ligado el interés por el petróleo.

De la mano de la arquitectura

El afán por diseñar objetos en Venezuela nace de la mano de los arquitectos. Antes de la primera promoción de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, egresada en 1949, la construcción era acometida por los ingenieros y la producción objetual estaba en manos de artesanos que dominaban las técnicas para “hacer” artefactos cuyas formas se caracterizaban por seguir un patrón repetitivo y limitarse a cumplir la función para la cual eran creados.

Se aprecia durante la primera mitad del siglo XX, una producción objetual limitada y de aspecto rudimentario. En el caso del mobiliario, los carpinteros y ebanistas, generalmente de origen español, eran maestros que dominaban el trabajo en madera, pero creaban unas butacas de un estilo colonial cónsono con la Venezuela “atrasada”, cuyas riendas de poder estaban aferradas por el presidente Juan Vicente Gómez.

Pues bien, ya mencionamos que después de 1936 se generó la chispa modernizadora, expresada materialmente en las construcciones públicas. Esta ola impulsó la creación de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, dentro de la Facultad de Ciencias Matemáticas (Ingeniería). La primera promoción, compuesta por 11 graduandos, egresó en el año 1949, y fue formada por maestros como Carlos Raúl Villanueva, Luis Malaussena, Cipriano Domínguez y Luis Eduardo Chataing.

Para ese primer grupo de  arquitectos que estudiaron en el país, les fue difícil al principio integrarse a los proyectos de ingeniería, pero el volumen de proyectos impulsados por el Estado, permitió abrirles la oportunidad de trabajar en conjunto con los ingenieros en el ámbito de la construcción en sí, sino de extender ampliamente su campo de acción a los objetos, siguiendo la escuela de Frank Lloyd Wright.

Esa es la razón por la que las primeras piezas de diseño tridimensional venezolano salieron de las destrezas y las ganas de estos primeros arquitectos, en forma de mobiliario para equipar oficinas públicas y privadas, así como para residencias particulares, en un estilo moderno, contrapuesto a la tradición colonial.

De este período resalta la importación de los primeros muebles de diseño escandinavo e italiano, los cuales se presentaban como manifestación de un estilo de vida moderno. De esa forma se enterraban las butacas coloniales como símbolo de atraso.

2_años 50 Zitman_sillaEn 1954 se crea Tepuy Compañía Técnica C.A. –TECOTECA-, para la cual Cornelis Zitman diseñó muebles principalmente en madera. Zitman fue socio de esta compañía que llegó a tener una fábrica con un catálogo de modelos y tiendas abiertas en Caracas, Valencia y Maracaibo, pero con la caída de la dictadura, se vió obligada a cerrar las puertas.

También en 1954 abrió sus puertas Compañía Anónima Puente Yanes (CAPUY), inicialmente importadora, pero que a partir de 1965 inicia la fabricación nacional con inspiración en las líneas danesas.

De la experiencia de Tecoteca, Zitman señala que pese a haber tenido una sustanciosa cartera de clientes y un amplio catálogo, sus productos no podían competir a nivel de costos con los importados, por lo que su idea de crear un mobiliario “que pudieran adquirir nuestros obreros” [7], no fue posible.

Los muebles de Tecoteca fueron principalmente consumidos por una emergente clase media, conformada principalmente por profesionales con un buen nivel de ingresos para ese entonces, que podían viajar y tener acceso a información proveniente de otras latitudes, principalmente de Europa y Estados Unidos, justo el ideal promovido a nivel ideológico desde el gobierno.

 La Era del plástico y la fibra de vidrio

La democracia instaurada después de 1958 continuó la política del concreto, la mezcladora y el buldózer. Otro aspecto interesante es que se retoman las políticas nacionalistas de 1945-48 en el ámbito petrolero, ubicándose la participación venezolana en las ganancias en una proporción 60-40, generando así la indignación de las trasnacionales y la bonanza económica.

Este cáliz que entra en el terreno de la artesanía artística lo hizo Argenis Madriz, primer venezolano que estudió  diseño industrial y primer director del IDD.
Este cáliz que entra en el terreno de la artesanía artística
lo hizo Argenis Madriz, primer venezolano que estudió
 diseño industrial y primer director del IDD.

 

En 1964 es fundado el Instituto Neumann-Ince, para el cual el empresario –y visionario- Hans Neumann invita como director a Argenis Madriz, quien se hallaba en aquel entonces en los Estados Unidos, donde se formó como diseñador industrial gracias a una beca gubernamental.

Hay que subrayar que Madriz fue el primer diseñador industrial venezolano formado como tal, y regresó a Venezuela a asumir la creación de este instituto cuyo proyecto inicial lo concebía como un centro de formación de diseñadores industriales, pero la realidad de la industria venezolana de aquel entonces lo llevó a dirigirse hacia lo gráfico.

El Instituto Neumann-Ince tuvo talleres para la creación de prototipos hasta la desaparición definitiva de la mención Tridimensional en 1978. Desafortunadamente, no pudo integrarse a la industria nacional, quedando como muestras del trabajo, algunos objetos elaborados semiartesanalmente y prototipos. Los principales materiales empleados, metal, plástico, fibra de vidrio.

De las décadas de los sesenta y setenta es posible rastrear a través de los caminos de la arquitectura, diseños puntuales para el equipamiento en el área de la construcción y el mobiliario urbano, principalmente en plástico y fibra de vidrio.

Por ejemplo, el arquitecto Carlos Vicente Fabbiani, quien fue profesor en el Instituto Neumann, diseñó las escaleras y las duchas de Parque Central en fibra de vidrio, un material que se exploró en diferentes proyectos. Con el instituto de diseño, fue el promotor de la creación de un molde de ala para un avión ultraliviano de tracción sanguínea humana. El proceso de este proyecto lo hizo en conjunto con los alumnos, siguiendo los parámetros exigidos en un concurso internacional en el que participaron. Este proyecto fue duramente criticado en su momento y desvirtuado históricamente, quedando como consecuencia la mala fama del Instituto Neumann, como una escuela separada de la realidad contextual venezolana.

Si hablamos de productos diseñados y fabricados en el país, Volarquete es una muestra, producido por Corveplast entre los años 1975 y 1976. Esta empresa, cuyo dueño era Enrique Puig Corvette, contrató al joven egresado del Instituto Neumann, Leonel Vera, quien diseñó no solamente este juguete, sino también el empaque y su gráfica.

Corveplast tenía en aquel entonces la patente del plástico corrugado, material en el que fue concebido este pequeño aeroplano. Relata Vera que esta iniciativa estuvo enmarcada en el período de sustitución de importaciones, pero no resultó exitosa, ya que aún siendo elaborada en un material relativamente barato, su precio de venta al público no pudo competir con los elaboradísimos aviones fabricados por las grandes empresas jugueteras internacionales, los cuales se importaban en grandes cantidades en la Venezuela del “ta’ barato, dame dos”. El Volarquete se comercializó a través de los Almacenes Militares, y fue una iniciativa absolutamente nacional.

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IDENTIDAD Y DISEÑO DE PRODUCTOS EN VENEZUELA. Segunda Parte. Texto de Elina Pérez Urbaneja

Devaluación y descentralización, cambio de identidad

El llamado “Viernes negro”, acontecido el 18 de febrero de 1983, es un día recordado como fatídico, por el anuncio de la devaluación del bolívar. La moneda nacional se había mantenido estable con respecto al dólar por un período de más de 20 años. La década de los setenta, además se había destacado por la bonanza petrolera desaprovechada por gobiernos demagogos y populistas.

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Pupitre diseñado en el país, reseñado en revista de arquitectura de los años 80

 

La llamada Venezuela Saudita estuvo repleta de “petrodólares” que aprovecharon los venezolanos de los estratos medios y altos para el derroche. A nivel económico el país continuaba definiéndose como dependiente de una industria básica. Además del petróleo, durante los setenta no hubo otra industria que destacase. En general se importaban lo más diversos productos y servicios, puesto que el dinero circulaba generosamente. El Estado intentó ejecutar medidas proteccionistas hacia la industria manufacturera nacional tales como: aranceles sobre los bienes importados y subsidios a los empresarios nacionales, que en vez de resultados positivos, obtuvo  corrupción e incentivó el facilismo.

El diseño gráfico fue privilegiado indirectamente con la devaluación, ya que la industria petrolera, las agencias publicitarias y las instituciones culturales estatales -que para ese período se estaban multiplicando-, invertían en producción gráfica que iba desde señalización, publicaciones y carteles, entre otros elementos.

La situación del diseño industrial fue muy diferente. Ante la inexistencia de una industria manufacturera, no tuvo campo en el que desarrollarse. Sin embargo, se produjeron algunas piezas tridimensionales únicas o en pequeñas series de factura semiindustrial para equipar proyectos arquitectónicos y de ingeniería. En este sentido trabajaron empresas como Duplex Industrial en las butacas creadas especialmente para la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño en Caracas, o Herning Oloe en el diseño de gran parte del equipamiento de la primera etapa del Metro de Caracas.

Diversas fuentes señalan la década de los ochenta como el momento del aluminio, ampliamente utilizado en ese entonces por quienes se arriesgaban a producir pequeñas series y distribuirlas en comercios convencionales o en nuestras primeras tiendas de diseño, como “Antena”. Como muestra de este momento se cuenta la mesa de computadora de dos y tres niveles de Micost [8].

1_Estante Antena_ Gornés

Estante Antena de John Gornés: hierro y vidrio

Un caso interesante han sido los asientos diseñados a finales de los ochenta por el arquitecto de origen estadounidense Emile Vestuti. Su silla de paleta, que toma la forma de la popular silla artesanal larense es el producto “hecho en Venezuela” que más contacto tiene con lo  tradicional, incluso propiciando la discusión referente a la integración del diseño a la artesanía, aspecto que pudiera ser de interés para un gobierno como el actual [9].

Quizás esta es una de las vías por la que pueda emerger el diseño venezolano, a través de la contribución con los productores típicos en cada región, y favorece a ello el proceso de descentralización que se inició en 1989. Según Eduardo Barroso Neto: “Estos productos tienen gran importancia porque junto con la artesanía tradicional pueden formar una mezcla de productos, apoyándose mutuamente. Para estos productos típicos la mejor intervención es la propuesta de sistemas de promoción y de sumarle valor agregado, incluyendo empaques, etiquetas, rótulos y campañas publicitarias, stands de ventas y todo tipo de material promocional. Otro apoyo importante en este segmento esta relacionado a optimizar y modernizar los procesos de producción, incorporación de nuevas tecnologías, reduciendo etapas en el proceso, disminuyendo tiempos, y mejorando la calidad” [10].

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Portarretrato «Thor» diseñado por Conrado

 

Si hablamos de productos diseñados y fabricados en el país, Volarquete es una muestra, producido por Corveplast entre los años 1975 y 1976. Esta empresa, cuyo dueño era Enrique Puig Corvette, contrató al joven egresado del Instituto Neumann, Leonel Vera, quien diseñó no solamente este juguete, sino también el empaque y su gráfica.

Corveplast tenía en aquel entonces la patente del plástico corrugado, material en el que fue concebido este pequeño aeroplano. Relata Vera que esta iniciativa estuvo enmarcada en el período de sustitución de importaciones, pero no resultó exitosa, ya que aún siendo elaborada en un material relativamente barato, su precio de venta al público no pudo competir con los elaboradísimos aviones fabricados por las grandes empresas jugueteras internacionales, los cuales se importaban en grandes cantidades en la Venezuela del “ta’ barato, dame dos”. El Volarquete se comercializó a través de los Almacenes Militares, y fue una iniciativa absolutamente nacional.

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Cifuentes en 1991, producido por Otai Design: acero y vidrio.

Para autores como Enrique A González Ordisgoitti, desde las elecciones regionales en 1989, se está replanteando en Venezuela la noción de identidad, ya que desde ese entonces se cuestionan los supuestos centralizantes, y lleva a replantear la idea de nación y de lo venezolano, concibiéndolo desde la diversidad y la riqueza que otorgan las culturas locales en el interior del país.

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El mortero «Piló» de Identidad Diseño (Mérida).

 

En medio de la crisis

La década de los noventa tuvo en Venezuela altibajos políticos y económicos dignos de una montaña rusa. Hubo diversos momentos críticos, como las intentonas de golpe de Estado en 1992, el enjuiciamiento a Carlos Andrés Pérez y su separación de la presidencia o la crisis bancaria. A esto se le unió el declive de los partidos políticos, una corrupción galopante y un bolívar en devaluación.

A pesar de este panorama, esta es la época en que el diseño industrial venezolano obtiene –al fin-, cierta atención, debido a la inauguración del Centro de Arte La Estancia, y en particular por la exposición “Detrás de las Cosas. El Diseño Industrial en Venezuela”, producto de un proceso de investigación que permitió rastrear productos en las propias empresas.

La muestra de “Detrás de las cosas” es heterogénea, mostraba la capacidad creativa y productiva del momento.

SPOTLINEgrip

La lámpara SpotLine Grip, fue caballito de batalla de IDDEA Diseños

Cierre

Partiendo del principio de que no existe la “falta de identidad”, es posible indicar que los productos del diseño industrial venezolano poseen un perfil cónsono con los momentos en los que se han desarrollado. Los productos no son numerosos, ni variados en el transcurso de un siglo, concentrándose principalmente en el rubro del mobiliario, donde es posible apuntar como fecha de arranque el año 1954.

En general los productos no muestran una identidad ligada con lo popular, lo tradicional o con las etnias asentadas en nuestro territorio. Más bien su tendencia es hacia los estilos internacionales. Hay quien pudiera aseverar en forma de crítica que es un diseño con afán imitativo y de copia, pero al repasar la tendencia de la identidad del venezolano en el siglo XX, es posible notar como apenas lógica la apertura hacia estilos foráneos, lo cual se apega a ese ideal de progreso y modernidad que ha sido estimulado como parte de las políticas de Estado, aunque no se hayan implementado hasta los momentos, mecanismos efectivos para desarrollar tecnologías propias, ni para favorecer una industria manufacturera competitiva.

Sin embargo, en el proceso de regionalización que se ha echado a andar desde 1989, donde se han visto potenciadas microempresas artesanales, asociaciones civiles y cooperativas, quizás haya una fisura por la que pueda penetrar el diseñador industrial, como un profesional de apoyo a estos procesos productivos y a la afinación de un tipo de productos con una identidad local fuerte, pensando en el mercado al que va dirigido.

Notas

[1] Este fue el nombre que ocasionalmente le dio Juan Pablo Pérez Alfonso al petróleo.

[2] Mato, Daniel; “Crítica de la modernidad: globalización y construcción de identidades”. Caracas (Venezuela): Universidad Central de Venezuela, Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, 1995.

[3] Mato, Daniel; “Teoria y política de la construcción de las identidades y diferencias en América Latina”. Caracas (Venezuela): UNESCO – Editorial Nueva Sociedad, 1994.

[4] Mato, Daniel; “Procesos de construcción de identidades transnacionales en América latina en tiempos de globalización. En: “Teoría y política de la construcción de identidades en América Latina y el Caribe”. Caracas (Venezuela): Universidad Central de Venezuela, Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, s/f.

[5] González Ordosgoitti, Enrique A.; La construcción de identidades culturales regionales en Venezuela en la década de los noventa. Tendencias prospectivas. En: “Teoría y política de la construcción de identidades en América Latina y el Caribe”. Caracas (Venezuela): Universidad Central de Venezuela, Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, s/f.

[6] Castillo, Ocarina; Los años del Buldózer.

[7] Entrevista a Cornelis Zitman. Caracas (Venezuela), 2003.

[8] Entre el material disperso, ha sido fructífera el rastreo de piezas en las páginas de las diferentes revistas sobre arquitectura que han circulado en el país. La mención de Micost aparece en la revista Espacio

[9] Para la Revolución Bolivariana, exaltadora de los valores tradicionales populares.

[10] Barroso Neto, Eduardo;  “Diseño y artesanía: Límites de intervención”. Brasil, 1999.

[11] Sato, Alberto; Diseño Industrial. En: Detrá.s de las cosas. El diseño industrial en Venezuela. Caracas (Venezuela): Centro de Arte La Estancia, 1995.

Texto: Elina Pérez Urbaneja

Tutora del curso Historia del diseño en latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX

 

Juan M. Fernández Chico, tutor de los cursos de guión y producción de cine presenta

Juan M. Fernández Chico Tutor de los cursos de guión y producción de cine presenta un corto, producido por el Colectivo Vagón, escrito y dirigido por él:

Juan presentó su trabajo más reciente Sólo en esta tierra, en la Cineteca Nacional de México en mayo del 2016 y comparte con nosotros el trailer de este corto:

 

Presentación del libro: El retorno artístico del patrimonio del exilio de Inmaculada Real López

Inmaculada Real López Tutora del Aula Virtual de Taller Multinacional, Presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid y en la Biblioteca Publica Municipal Pablo Neruda el libro: El retorno artístico del patrimonio del exilio, por la Editorial Síntesis.

En éste volumen se recoge el proyecto de investigación de su tesis doctoral.

Sinopsis:
                              
Este estudio aborda el exilio republicano desde el ámbito artístico, como reflejo de la diáspora intelectual producida con motivo de la Guerra Civil española. El éxodo de esta representativa parte de la población española fragmentó el periodo de esplendor acontecido durante el primer tercio del siglo XX, conocido como la Edad de Plata. Los legados dispersos de los artistas comprometidos con el Gobierno de la República es el tema principal de análisis.
Adoptando el retorno artístico del exilio como el punto de partida, se muestra una perspectiva que abarca desde el régimen franquista hasta la instauración de la democracia –momento favorable para la institucionalización de este patrimonio–, con el objetivo de establecer cuáles fueron las principales vías y modos de recuperación. En este sentido, el libro va dirigido tanto al público especializado en la materia como aquel otro que sienta interés por conocer este capítulo de la historia del arte español.
Inmaculada exilio
Para conocer el índice del libro y/o adquirirlo en su versión electrónica abre aquí

NO ES LO MISMO, NO ES MÁS BARATO (gratis) Y NUNCA SE COMPORTA IGUAL

Texto de Irving Dominguez sobre la Residencia de Santiago Calderón y el proyecto : Reglas de comportamiento en el combate

Hablar de la obra de Santiago Calderón requiere hablar en plural. Su incursión en las prácticas artísticas de Colombia la ha realizado a través de la generación de plataformas de trabajo colectivo, espacios que son en realidad dispositivos multiusos cuya constante es la producción de gráfica, a su vez un vehículo para la inserción de representaciones críticas, la apropiación transitoria del espacio urbano y la reconfiguración de publicaciones populares transformadas en impresos artísticos, fruto del trabajo colectivo autogestionado.

En la breve, pero intensa trayectoria, de este joven artista reconozco dos actividades que han caracterizado el desarrollo de sus proyectos: la ocupación y la usurpación. Claros ejemplos del primero son Cada pliego tiene 32 hojas (2010) y El Honorable Cartel (2012). Cada pliego… ha consistido en una serie de sesiones de dibujo colectivo en las calles de Bogotá en las cuales se ha dispuesto de una mesa, hojas, materiales para dibujar, una lámpara, una cámara y un videoproyector. Los peatones interesados, así como los habitantes del barrio, tienen la oportunidad de expresar cualquier mensaje en un ciclo de dibujo que se renueva de manera incesante, el cual ocupa fachadas, paredes o cualquier soporte vertical para la proyección.

El Honorable Cartel es un taller de impresión de posters, en su mayoría desplegando frases o citas alteradas que expresan sarcasmo o invitan a dudar de los discursos oficiales que se precian de otorgar información “verdadera”. Su diseño sencillo y la ausencia de una firma o gesto autoral permite su fácil inmersión en los códigos visuales callejeros, borrando los límites entre los mensajes permitidos y aquellos considerados ilegales.

Las operaciones de usurpación complementan buena parte del trabajo de Santiago. Es el caso de Todo es plata(no) (2012), Reconstrucción de los hechos (2012), Yo reinaré (2012), Satander (2012) y el Almanaque escatológico (2011). En cada uno se han tomado representaciones existentes, casi siempre de carácter comercial, y se han manipulado sutilmente, de tal manera que la torsión del signo sólo se hace evidente tras una minuciosa revisión por parte del espectador casual que se topa ella. En los casos de Reconstrucción… y Satander se ha echado mano de algunas fuentes de la historia reciente de Colombia para resaltar las contradicciones inherentes a la construcción de los discursos nacionalistas o las posibilidad de enfrentar lo sucedido sin la carga del pasado y su aprehensión como destino imbatible.

El caso del Almanaque escatológico guarda especial relevancia para la propuesta desarrollada en la Ciudad de México durante noviembre del 2013. A partir de la apropiación de este residuo de las publicaciones misceláneas típicas de los centros urbanos, sumamente populares en el siglo XIX, un grupo de trabajo coordinado por Santiago dio un revés al contenido usual del Almanaque Bristol, publicación similar al Almanaque Kanin que aún sigue regalando la Farmacia París en el Distrito Federal, una recopilación arbitraria de efemérides cívicas y religiosas, esoterismo, capítulos destacados de la historia mexicana, remedios caseros y dietas. El Almanaque producido por los 18 integrantes de un laboratorio de producción en Bogotá llevó aún más lejos las posibilidades de este tipo de publicaciones al dedicarlo por completo a las visiones apocalípticas en el marco de la cultura urbana contemporánea de esa ciudad.

La edición de impresos con base en el trabajo colectivo es también el motor de una propuesta similar iniciada en Colombia, que Santiago decidió continuar aquí: el trabajo del Comité Internacional de la Equis Roja y sus cartillas sobre las Reglas de comportamiento en el combate. En su versión para el D. F: 18 colaboradores crearon tres guías que sugieren y enfatizan estrategias de supervivencia en diferentes localizaciones y hechos que ocurren en esta ciudad. Dedicados al Metro (Sistema de Transporte Colectivo), las redes de vendedores ambulantes en el Centro Histórico y a la práctica del cohecho por parte de la policía local, conocida localmente bajo el nombre de mordida.

Teniendo como base de operaciones Casa Vecina (FCHCM) y Taller Multinacional, estos impresos fueron distribuidos gratuitamente entre peatones, usuarios del Metro e incluso algunos policías. La matriz de este proyecto es una publicación creada por la Comité Internacional de la Cruz Roja promoviendo el trato digno y el respeto a los derechos humanos en situación de guerra o conflicto extremo sobre todo para quienes integran los cuerpos de seguridad (http://www.icrc.org/spa/resources/documents/publication/p0381.htm). Su diseño sencillo y su contenido textual reducido al mínimo para comunicar mensajes claros y contundentes es un principio que Santiago ha respetado para la elaboración de estas nuevas versiones pensadas como herramientas para la comprensión de un entorno urbano culturalmente distinto o sobrecargado de estereotipos, además de hacer las veces de válvula de escape ante la cantidad de reglas transgredidas, y sus consecuencias, por los habitantes de la megalópolis.

Como ha sucedido en aproximaciones similares a la cerrada trama de habitus que conforman la vida en la Ciudad de México, estas Reglas corren el riego de ser aproximaciones superficiales ante el apabullante mercado simbólico que manifiesta sus intestinos a través de sus demostraciones de violencia simbólica en la vida cotidiana del peatón capitalino. El propio grupo de trabajo se supo vigilado por los mismos comerciantes ambulantes del Metro, o vagoneros, cuando la palabra gratis se percibió como un acto de transgresión a su sistema de oferta permanente. Por supuesto el riesgo no estribó en el acto de regalar sino de romper el ritmo en un sistema de venta que se renueva en promedio cada minuto y medio.

Lo cierto es que la residencia de Santiago Calderón le permitió continuar con uno de sus muy evidentes intereses en el campo visual: apropiarse de imágenes de la cultura popular, procesarlas a través de las estrategias de las artes visuales y devolverlas a la calle, al circuito público de donde fueron tomadas.

 

Irving Domínguez, febrero del 2014, Ciudad de México.

 

Santiago Calderón es integrante del colectivo Quince Dieciséis, gestor del espacio autónomo La Redada Miscelánea Cultural y codirector del taller de serigrafía El Primitivo. Fue beneficiario de la 2ª residencia Taller Multinacional (México) – IDARTES (Bogotá). Realizó una estancia durante el mes de noviembre del 2013 en la Ciudad de México.