NUESTRO NORTE ES EL SUR - TRABAJOS FINALES

NUESTRO NORTE ES EL SUR – FOTOGRAFÍA ANTROPOLÓGICA

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“NUESTRO NORTE ES EL SUR”

América Invertida. Joaquín Torres García. 1943

Autores:

Carlos Alvarez
Evelina Laddaga
Paola Pastene
Alicia Elide Ríos de la Cruz
Víctor Anguiano Alvarado
Camila Alvarez

A modo de Introducción

En el curso Fotografía Antropológica se encontraron más de veinte participantes que viven en lugares tan diferentes como Ciudad de México, Aguascalientes, Coatepec y San Cristóbal de las Casas (México), Cusco y Lima (Perú) , Quito (Ecuador), Salta, Rosario y La Plata (Argentina), Montevideo (Uruguay), Asunción (Paraguay). Aunque sus realidades son muy diversas, en el diálogo en los foros semanales fue surgiendo una visión que fue aunando estas diferencias en una mirada común que es propia de este grupo.

La pregunta por las subjetividades desde cada particular contexto fue provocando un intercambio enriquecedor que se convirtió en el puntapié que originó este texto.

“Aunque México técnicamente no sea el sur, en la lógica colonial todos los latinos pertenecemos al Sur, y creo fuertemente en la necesidad del diálogo filosófico-crítico de Sur a Sur”. (Carlos)

“¡Claro que somos Latinoamérica! Siempre lo hemos sido, aunque en las últimas décadas hemos sido objeto de presiones económicas muy fuertes para que nos adhiramos a la llamada “Norteamérica”, junto con Estados Unidos y Canadá. Somos el extremo norte de un gran Sur”. (Víctor)

Una escritura colaborativa como fruto del curso encarna la propuesta de Taller Multinacional de COMUNIDAD como espacio colectivo de construcción y circulación de conocimientos.

Todos los sures el Sur

Foto: Alicia Elide Ríos de la Cruz

“De entre la exploración y significación de los “SURES”, he habitado, vivido, sentido y aprehendido espacios que me recrean la tensión constante entre “lo propio” y lo “ajeno”. Hoy en día, habitando y siendo parte de la cotidianeidad que genera estar en ESTE SUR, me encuentro constantemente interpelada por MI ORIGEN CENTRISTA que, velado o no, denota un posicionamiento y una visión del mundo que se tensiona constantemente”.

“Salir de Tuxtla, del centro, camino a las PERIFERIAS “olvidadas” de Chiapas. ¿A dónde?, AL NORTE DE ESTE SUR. Entre los apretujones que ocasionan las curvas de este sendero carretero, mi mirada alcanza a vislumbrar, así sea por breves fracciones de segundo, lo surrealista del panorama. Sí, así lo he etiquetado, con MI VISIÓN CENTRISTA, sin embargo, para muchos no es más que la realidad, así, aquella que se inscribe en el día a día, entre las montañas. ”

Fragmento del diario de campo de Alicia Elide Ríos de la Cruz, alumna que trabaja en Ocotepec, cerca de Nuevo Carmen Tonapac, en Chiapas, México.

Deconstruir la lógica geográfica en pos de una lógica identitaria contrahegemónica, desde los SURES, resulta fundamental para pensar(nos). Parte de este proceso debe ir acompañado de un cambio de biblioteca, el cual lejos de ser inocente reviste una clara lógica de colonización del imaginario, como diría Serge Gruzinski. Así que empezar a pensarnos supone hacerlo desde teóricos nuestros, sureños en clave contrahegemónica y decolonial. Entre ellos podríamos citar a Quijano, Dussel, Rivera Cusicanqui, Segato, Chomsky, Bonfil Batalla, Cimadamore, Balandier, Clastres, Foucault, Butler, González Casanova, Kusch, Chiriguini, Bechis, Cardoso de Oliveira, De Sousa Santos, Svampa y Amaranta Gómez Regalado.

Pensar lógicas y estructuras alternativas a las impuestas supone desarmar progresivamente muchas otras áreas que hemos normalizado desde una matriz occidental-eurocéntrica. Es así que esta labor deconstructora va erosionando verdades profundamente sedimentadas, fosilizadas al punto que no logramos siquiera percibir cuán profundamente ha calado su lógica de colonización del imaginario, haciendo que aquello que alguna vez fue impuesto nos parezca natural, eterno e incuestionable. Mediante la crítica empezamos a desandar el camino construido pero en reversa, logrando comprender cómo se fueron constituyendo e instituyendo ciertas formas de dominación tanto físicas, geopolíticas como ideológicas y pudiendo proyectar así nuevas lógicas nuestras, desde los Sures. Esto no supone caer en la falacia de que no somos occidentales, más debemos comprender que los procesos de mestizaje son reales y no podemos volver el tiempo atrás, sino que se trata de sabernos situados y entender qué debemos hacer con lo que hicieron de nosotros, como afirmaba Sartre.

Así como existe un Oriente y un lejano Oriente, como si con la distancia se fuera diluyendo la capacidad penetrativa de la matriz occidental, nosotros seríamos una especie de lejano Occidente, aunque nos miremos en el espejo centralista de Europa. Resulta crucial dejar de lado tal espejo, hacernos cargo de nuestra complejidad y construirnos nuevamente al calor de nuestra realidad concreta y no sólo la idealizada. Para ello hay que crear nuevos espacios donde hacernos inteligibles.

Foto: Carlos Álvarez

 

 

 

 

 

 

 

La conversación como método

Foto: Mariana Arovi

Como dicen De Sousa Santos y Rita Segato, es posible pensar en la conversación como método, porque ésta es particular, situada y nos aporta una mirada desde adentro, nos involucra. En ese ida y vuelta de opiniones se construye conocimiento ampliado, pero sobre todo se construye vínculo, “hay que conocernos de una manera informal. A partir de tu vida ¿qué podemos enseñar al mundo?(..) Nosotros estamos para intentar que el mundo charle entre sí, converse, con más ideas, con más términos.” (De Sousa Santos).

(Paola) Relacionándolo con mi trabajo, algo sucedió en todas las conversaciones que tuve con las mujeres con las que me encontré, una especie de magia entre la escucha y la pregunta que nos modificó, “nadie te escucha en serio, sin juzgar, sin criticar” dice una de ellas. Cuando conversamos escuchamos, pero sobre todo nos escuchamos. Logramos poner en palabras eso que sentimos y también nuestras ideas. En mi caso, todas las mujeres que participaron de estas conversaciones se destrabaron, abrieron puertas y caminos después de los encuentros, cerraron heridas.

Retomando el planteo de Silvia Rivera, la idea de dualidad andina no como zonas opuestas, sino como dos visiones de una misma cosa en donde hay zonas grises, en estas zonas intermedias ella ve la fuerza de la descolonización. Ella da como ejemplo la identidad Che´je (manchada), que sería el mestizo o lo mestizo.

Pensando en mi trabajo lo vinculo con la idea de “lo normal” o establecido y aquello con lo que rompemos, estas identidades o realidades que transgreden lo dado o el mandato. Daniela (con quien realicé trabajo de campo) tiene un hijo transgénero, y cuenta algo del proceso de transformación que vivió. En su relato surge que en lo “trans” está la esperanza del amor sin violencia, “somos todos personas, no importa si somos mujeres o varones, el amor de ellos va más allá de eso”. Somos todos “intermedios” “manchados” “mestizos” “trans”, no somos ni europeos, ni indígenas ni mujeres ni varones, simplemente somos, abre la posibilidad de otras maneras de relacionarnos y de nombrarnos.

La Ecología de los saberes, dice Silvia Rivera sobre el concepto forjado por De Sousa Santos, tendría que ser “crear lengua blanca che´je, manchada, destruyendo la lengua en su pretensión de dominación.” Y en esto de crear lengua che´je, creamos pensamiento che´je.

Desde su trabajo, Carlos se pregunta acerca de la pertinencia de pensar desde esta lógica las sexualidades, las corporalidades, las perfomances de los cuerpos sexuados. El trabajo sexual es un claro ejemplo de un ambiente tabú, negado, completamente idealizado pero que, contradictoriamente, es una realidad global que se pretende invisibilizar como quien quiere tapar el sol con las manos. En este ámbito los cuerpos son más que cuerpos, las subjetividades son imprecisas, la sociedad toda entra en contradicción y las sexualidades se licúan. Desacralizar los cuerpos resulta crucial para poder des-cosificarlos y subjetivarlos, darles un valor más allá de la mera corporalidad. Si por definición la prostitución es trabajar con el cuerpo, y todo trabajo supone usar el cuerpo en algún aspecto, no será que todes somos prostitutes?

Esta pregunta resuena para Evelina, quien se centró en el tema de cuerpo y trabajo.

(Evelina) Estos procesos de deconstrucción, de animarse a la pregunta, el asombro y el descubrimiento, tiene que ver con pensarnos desde los SURES a sabiendas de que esas fronteras impuestas son también fronteras interpretativas profundamente arraigadas que pretenden vehiculizar nuestros pensamientos, nuestras sentires, nuestros procesos de comprensión y significación en lo que parecieran laberintos sin salida.

Esos laberintos nos llevan por senderos ya delimitados, donde se entiende al mundo de una sola manera posible que pretende homogeneidad, donde están los unos y los otros, y esos otros, los distintos, son sobre los cuales verter la mirada para reafirmar lo que sí se es y no se quiere llegar a ser.

Nos disciplinan para que caminemos por ese laberinto, al cual nos lo presentan como un camino recto y sin distracciones. Sin embargo, esas “distracciones” poco a poco alzan su voz, se hacen cada vez más presentes y los muros de ese laberinto comienzan a ser saltados, atravesados e incluso destruidos.

En mi investigación hablo sobre la voz del cuerpo, sobre cómo los trabajos que realizamos pueden ir dejando huellas que nos acompañan en nuestra cotidianeidad, perfomando nuestra identidad.

El cuerpo se nos presenta como estuche, como mero soporte, como frontera con el otro. Nuestros cuerpos deben disciplinarse para adecuarse a cada espacio y cada tiempo, sin importar si algo lo marca.

“Como metí el dedo como un idiota, ahora lo saco de todos lados, lo discrimino”, así se refiere una de las personas con quien trabajé, a su mano accidentada con una sierra circular. Lo que pretende ocultarse, taparse y pasar desapercibido, se hace discurso.

Foto: Evelina Laddaga

En el transcurrir de mi investigación, descubrí la conversación de mis interlocutores con su propia cotidianeidad, a través de la reflexión sobre sus huellas en tanto voces que hablan y les hablan diariamente.

Nuestro modo de habitar, de SER CUERPO (y no meramente poseer uno), nos termina de delinear como sujetos sociales, culturales, históricos y así en el cuerpo se traducen realidades, desigualdades, opresiones, disfrutes, etc.

El lejano Occidente

Foto: Evelina Laddaga

Desde estos contextos, en los cuales el norte suele tener una valoración positiva y se lo utiliza como objetivo y horizonte de sentido, no estaría mal perder el norte para encontrar los sures posibles.

Siguiendo a Kusch cuando se pregunta si todo pensamiento sufre la gravidez del suelo, es posible un discurso filosófico diferente, que parta de nuestros “estar aquí”, de miradas situadas y particulares que puedan proyectarse hacia el todo.

Así, el pausar nuestra caminata por ese laberinto, cuestionar nuestro andar impuesto y animarnos a conversar con el mundo y desde el mundo, es lo que nos permitirá crear y transformar desde estos SURES hacia todas direcciones.

Foto: Mariana Arovi

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